Soria es una de las grandes olvidadas en los libros de ruta del turismo en España; una especie de espacio en blanco de las grandes guías turísticas que suelen pasar de largo sin prestar atención a uno de los rincones más auténticos y peculiares de la llamada Piel de Toro. Ese olvido secular, que va mucho más allá de la mera promoción turística o del interés de los viajeros, ha provocado que por esta provincia, una de las más despobladas del territorio español, el tren del progreso haya pasado más bien poco o casi nada. Y esto también, a su modo, ha sido una bendición, porque esto es un verdadero paraíso para el viajero inquieto que busca algo auténtico; un lugar ideal para el que sabe ver; el que sabe oír; el que muestra interés por lo que cuentan las piedras y las gentes. Hay mucho que ver en Soria. Y no sólo para el fin de semana.
Qué dice la gente
Fuimos a Soria, porque se tiene que ir a Soria cuando se ha estudiado Historia española y cuando se lee poesía de la España inmortal.
Carmen Conde
«Soria, tallada junto al Duero rumoroso, es la ciudad más desprovista de retórica, más sencilla y menos engreída en la fatuidad amojamada de la Historia.»
Gaspar Gómez de la Serna
¡Álamos del amor que ayer tuvisteis
Antonio Machado
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva!